El enfrentamiento pasó rápidamente de palabras a empujones y agresiones, lo que provocó que futbolistas de ambos equipos se sumaran a la discusión hasta convertir la escena en una pelea generalizada.
Las imágenes mostraron golpes, patadas y corridas a lo largo de todo el campo de juego, con prácticamente todos los jugadores involucrados.
Uno de los momentos más impactantes fue protagonizado por el defensor argentino Lucas Villalba, quien lanzó una patada voladora contra el delantero Hulk en medio del caos.
El árbitro Matheus Candacan no pudo controlar la situación durante el partido y, debido al desorden en el campo, tampoco logró mostrar tarjetas en ese momento.
Sin embargo, horas después dejó asentado en el acta 23 expulsiones:
La cifra se convirtió en un récord negativo en la historia del fútbol brasileño, superando las 22 expulsiones registradas en el partido entre Portuguesa y Botafogo durante el Torneo Río-São Paulo 1954.
Lo que debía ser una fiesta del clásico de Minas Gerais terminó así en uno de los episodios más violentos y caóticos del fútbol brasileño.
