Esa casa fue el primer refugio que tuvieron esos estudiantes que no podían creer lo que acababan de vivenciar. “Estuvieron varias horas juntos, completamente impactados. Nadie se esperaba esto y menos los compañeros. Todavía no pueden entender cómo fue que pasó esto, y va a ser muy difícil para esos chicos volver a la escuela", dice una de las docentes.
“Desde ya que la peor parte de todo esto se la llevó Ian y toda su familia, pero también es muy doloroso para los compañeros del chico que disparó, que están confundidos, desolados, angustiados”, describe otra de las profesoras. Este martes participaron de una reunión con psicólogos organizada por la dependencia regional del Ministerio de Educación de la Santa Fe.
Según pudo averiguar Infobae, el equipo de profesoras y profesores no había recibido ninguna comunicación institucional que hiciera referencia a la salud mental o al curso de un tratamiento psicológico por parte del adolescente que abrió fuego este lunes. Tampoco tenían conocimiento de que se hubiera autolesionado.
Las docentes con las que pudo conversar este medio descartaron de llano que el chico que ahora permanece institucionalizado en la ciudad de Santa Fe sufriera bullying por parte de sus compañeros. Y repitieron: “Pero si lo eligieron como al más querido del aula, ¿cómo va a haber bullying detrás de eso?”.
La escena del crimen
“Yo pensé que eran petardos. Cada tanto joroban con eso los chicos, qué se yo, se hace. ¿Cómo me iba a imaginar que eran tiros?”. La docente que habla con Infobae estaba en la Sala de Profesores de la Escuela “Mariano Moreno” cuando se escuchó el primer disparo de escopeta. Miró por la ventana que da al pasillo y los gritos horrorizados que empezó a escuchar la llevaron a pensar que no eran petardos sino algo mucho más grave.
“Apenas entendimos lo que pasaba, abrimos la puerta de nuestra sala. Yo salí corriendo, le grité ‘¿qué estás haciendo? ¿qué estás haciendo? ¡pará, por favor pará!’”, suma otra docente, que conoce al estudiante que disparó porque le ha dado clases en años anteriores y también le daba en este.
“Cuando vi que era él y entendí lo que estaba pasando fue desesperante. No sé qué hubiera sido de todos nosotros si Fabio, nuestro compañero, no lograba reducirlo. Empecé a llamar al 911, que atiende en Rafaela, y me pedían la dirección exacta de la escuela. Yo no me acordaba ni mi nombre en ese momento, les insistía con que viniera la Policía urgente a la Escuela Nacional y no querían avanzar sin la dirección exacta. Por suerte lo resolvimos de otra manera, con el comando de acá, pero esa burocracia nos llevó más tiempo del que nos tendría que haber llevado”, sostiene una de las profesoras.
Desde este lunes, una de las docentes teme estar en espacios cerrados. “Yo estaba en la Sala cuando empezó todo. Y ahora cuando estoy en un espacio cerrado pienso que de repente alguien puede abrir la puerta y empezar a disparar, y no voy a tener para dónde salir corriendo. Es una tontería, porque no va a pasar, pero no puedo parar de sentir eso”, describe, y suma: “Yo durante el día jamás cierro mi casa con llave. En ese sentido acá todavía vivimos re tranquilos. Pero ahora sí cierro, anoche incluso cerré con llave no sólo la puerta de casa sino la de mi habitación. Me entró un miedo feroz”, describe.
