Cuando el físico del “Roña” parecía pedir clemencia y el árbitro sudafricano Stanley Christodoulou evaluaba detener las acciones, llegó el milagro concebido por la astucia del peleador callejero que llevaba adentro.
Transcurría el noveno asalto cuando Castro tendió la trampa decisiva. Simuló estar vencido, retrocedió apoyándose contra las cuerdas para incitar el avance confiado del estadounidense y sacó un zurdazo que impactó de lleno en el mentón de su rival.
“Me vino a buscar muy confiado, yo me fui contra las cuerdas y le simulé estar sentido. Y cuando pude le metí una izquierda que por suerte terminó con la pelea a mi favor”, recordó el argentino sobre aquel golpe que congeló el estadio y envió a Jackson a la lona.
Pese al conteo y al intento desesperado del norteamericano por reincorporarse, la estocada fue irreversible. La contienda fue distinguida posteriormente como b “Nocaut del Año” por la prestigiosa revista The Ring, consolidando a Castro en el olimpo del deporte nacional.
“Tenía los ojos a la miseria. Jackson era superior a mí, pero la mano siempre se la levantan al mejor”, recordó Locomotora en una entrevista posterior.
La noche dejó además una anécdota con el célebre promotor Don King que el santacruceño relató tiempo después: “Me cagó cien mil dólares, porque la plata era para el mejor boxeador de la noche. Me dio un cheque gigante mientras me decía que la plata iba a ser donada a un hogar de niños. Como yo no entiendo nada de inglés, me terminó sacando el dinero”.
Tras aquella consagración inolvidable en suelo mexicano, Jorge Castro defendería la corona de los medianos en dos oportunidades más, hasta ceder el cinturón el 19 de diciembre de 1995 en Tokio frente al japonés Shinji Takehara.
